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LA FOTOGRAFÍA COMO TERAPIA

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Carlos Canal

Hematólogo y fotógrafo (León, 1954)

Desde hace más de veinte años he compaginado con amor y pasión dos actividades que me han proporcionado un conocimiento más profundo sobre la existencia. La medicina y la fotografía han discurrido de una forma paralela en mi vida, deslizándose ambas entre los territorios fronterizos del arte y la supervivencia.

Los años de médico alópata habían marcado un camino y una forma de actuar que primaba lo evidente, demostrable y científico en detrimento de la cualidad humanista de nuestro trabajo. Tenía la necesidad imperiosa de abrirme hacia nuevas técnicas relacionadas con la medicina no convencional, como la visualización-relajación con imágenes guiadas, el tacto consciente y, finalmente, la fotografía.

La fotografía y la enfermedad comparten el hecho de ser experiencias corporales únicas y estar conectadas con la muerte, con el fin de un tiempo que no existe más; hacen que el presente tenga un sentido real: las dos atrapan el ahora, y solamente puedes disfrutarlas y aprender de ellas desde la aceptación y el conocimiento de lo vivido.

Me preguntaba si la fotografía podría ser útil como terapia de soporte en una enfermedad tan grave y estigmatizada como es la leucemia. No conocía la respuesta. En el año 1999, comencé el trabajo de investigación «Recuperar la luz». Estaba interesado en saber qué sentían los pacientes hospitalizados sometidos a tratamiento quimioterápico y cómo lo podrían expresar. La cámara se convierte en el vehículo que posibilita la interacción y la comunicación no verbal a través de las imágenes.

Los objetivos que me planteé con este proyecto, fueron: recuperar la identidad del paciente, mejorar la calidad de vida, implantar un medio de comunicación entre médico y paciente de orden simbólico, fijar un método de expresión de emociones a través de imágenes y textos, y utilizar la fotografía como terapia artística.

La fotografía es fundamentalmente un medio de expresión y comunicación. Para Berger «toda fotografía nos presenta dos mensajes, un mensaje relativo al suceso fotografiado y otro relativo a un golpe de discontinuidad». Las fotografías se convierten en manifestación de lo «evidente», detienen el tiempo en el momento que se realizaron, proyectándonos al pasado, convirtiéndose en huellas que hacen visibles las historias personales tanto emocional como físicamente. Barthes afirma que «la fotografía solo adquiere su valor pleno con la desaparición indisoluble del referente, con la muerte del sujeto fotografiado, con el paso del tiempo». Pero la fotografía también nos estimula la «videncia», nos adelanta en el tiempo, permitiéndonos intuir y a veces conocer nuestro futuro. Según Fontcuberta «la sensibilidad contemporánea nos predispone paradójicamente a la profecía y no a la historia».

La fotografía por su capacidad de relacionarse con el tiempo y el espacio nos permite conocer, saber, reflexionar, intuir y poder expresar nuestros sentimientos y emociones más profundos. De esta forma podemos a través de las imágenes darle forma visual, haciendo lo invisible más visible. Jo Spence lo llamó «el nacimiento del inconsciente». Esta artista pionera del uso de la fototerapia, utilizó la experiencia de su propia enfermedad (fue diagnosticada de cáncer de mama en 1986) para documentar visualmente la propia lucha por sanar, narrando y criticando los procesos de infantilización, victimización y despersonalización que experimenta el enfermo, así como la vida cotidiana con la enfermedad y la búsqueda de nuevos hábitos y terapias alternativas.

La «fotografía como terapia» se refiere a actividades autoconducidas efectuadas fuera de un contexto formal de counseling. Las personas usan la Fotografía Terapéutica como proceso de autodescubrimiento o autoexploración. La cámara les sirve para crear imágenes con propósitos artísticos que irremediablemente van a tener un efecto terapéutico, pues permiten expresar las emociones de una manera directa indagando en los significados profundos de la enfermedad.

La metodología del trabajo que desarrollé con los enfermos de leucemia fue muy simple. Habitualmente cada dos días exploramos el estado del cuerpo físico realizando un hemograma y con la misma frecuencia usamos la fotografía terapéutica como herramienta de conocimiento, realizando imágenes desde el momento del diagnóstico hasta finalizar el tratamiento de consolidación, es decir, aproximadamente seis meses. La secuencia se inicia haciendo un retrato frontal del paciente que nos sirve para observar su estado anímico a través de la expresión facial, y nos facilita mantener la identidad; seguidamente el paciente realiza una imagen en el espacio que habita, intentando expresar sus emociones y sentimientos. Este momento mágico del disparo, esta imagen latente —el paciente no ve la imagen en el momento— representa la expresión máxima de la dualidad luz-oscuridad, realidad-ficción, salud-enfermedad, vida-muerte. Por último, el paciente crea un título y escribe un texto. De esta forma la imagen hace visible el mundo invisible. Como si se tratara de un diario íntimo los pacientes emplean el tiempo, las imágenes y los textos para vivir el presente y engancharse a la vida sin condiciones.

Los retratos se convierten en espejos con memoria que nos sirven para observar el paso del tiempo y permiten al paciente no perder su identidad, amenazada por los cambios físicos ligados a los tratamientos —el más común es la caída del cabello. Las fotografías que toman los pacientes se convierten en símbolos y metáforas que nacen directamente del inconsciente, permitiéndoles silenciosamente mirar en su interior expresando los sentimientos y las emociones más profundas.

Comencé a disfrutar de una información que trascendía lo puramente mecanicista, con unas imágenes desnudas y desprovistas de cualquier contenido estetizante y un lenguaje sencillo y directo narrado mediante unos textos escuetos y breves. Mis pacientes me informaban de las vivencias cotidianas que estaban ligadas a la relación con sus seres queridos y el personal sanitario, el espacio habitado, sus miedos, las expectativas, el dolor, y el aislamiento. Habíamos conseguido dialogar sobre la enfermedad no solo escuchando el cuerpo físico, sino también expresando las emociones y liberando el inconsciente de las ataduras sociales y culturales.

Utilizar la fotografía como herramienta terapéutica e interactuar con mis pacientes a traves de imágenes y textos, ha sido la experiencia más enriquecedora y hermosa que he vivido en todos estos años como profesional de la medicina, humanizar las relaciones con los enfermos, compartir el miedo a la enfermedad, el dolor y la muerte se convirtieron en una compañía inseparable que llenaba de luz todas las sombras.

Tratar la enfermedad  de una forma holistica debe ser uno de los dasfios de nuestra era, y el uso de la fotografía, y otras herramientas arteterapéuticas, una práctica común en el tratamiento del cáncer y algunas enfermedades graves que se acompañan de deterioro físico psíquico, shock emocional, perdida de la identidad y aislamiento.

Próximo taller de experimentación con Carlos Canal en Alicante.

CURARTE.

cartel taller carlos canalLa fotografía como herramienta terapéutica.

En breve más información.

La dualidad es inherente a la fotografía y a la propia existencia. Luz-oscuridad, realidad-ficción, salud-enfermedad, vida-muerte, constituyen nuestro universo cotidiano manifestándose en forma de experiencias vitales.

 Vivimos en un mundo dual, no puede haber sistema completo de metafísica o ciencia de la vida que no incluya la polaridad, somos espíritu y materia, cuerpo y energía, por tanto cualquier experiencia vital surge de la interrelación entre estos polos, al utilizar la fotografía como herramienta de conocimiento y como medio para la experimentación creativa, podemos explorar los opuestos y la simbiosis entre cuerpo, mente, emociones y espíritu, de esta forma la fotografía se convierte en una nueva terapia artística.

MálagArte

Sobre Carlos Canal:

Carlos Canal, licenciado en medicina y fotógrafo autodidacta, desde 1984 ha realizado numerosas exposiciones y proyectos, generando imágenes que nos acercan al reflejo mágico de lo cotidiano a través de las emociones, siendo sus temas recurrentes el cuerpo, la luz, el viaje y el agua.

Durante los últimos diez años ha utilizado la fotografía como herramienta de conocimiento, facilitando a sus pacientes y alumnos la creación de imágenes simbólicas que les permiten expresar sus emociones. La fotografía como terapia la ha desarrollado en  el proyecto libro “Recuperar la luz”. Habitualmente imparte talleres experimentales de Fototerapia en centros de arte contemporáneo (MUSAC, Casa Encendida, CAC Málaga)  y universidades, donde participa en cursos de postgrado  y  master de Arteterapia.

Ha publicado recientemente el libro “El relax expandido”, desde 2009 dirige y comisaría Fotomanías.


2 comentarios

  1. […] Sigue leyendo: LA FOTOGRAFÍA COMO TERAPIA. […]

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