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MEDICINA Y CREATIVIDAD

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Albert Einstein aseguraba que “las religiones, las artes y las ciencias son ramas de un mismo árbol”. Todas estas aspiraciones están dirigidas a ennoblecer la vida del hombre, elevándola desde una esfera de mera existencia física y dirigiéndola hacia la libertad individual”. La creatividad podría llegar a considerarse la raíz de este árbol. Aplicada al ámbito médico, un número especial de The Lancet, titulado Medicina y Creatividad, se centra en la relación entre ambos conceptos con varios ensayos sobre la capacidad de crear contando con pocos medios, los facultativos que han despuntado en áreas como la filosofía, la música o la literatura, la relación entre la ciencia ficción y la realidad, la influencia de las enfermedades en la capacidad creadora, o el uso de las artes en la promoción de la salud.

El ritmo del progreso científico ha experimentado una aceleración constante en el último medio siglo y la reciente introducción de herramientas de transformación como la ingeniería genética o las técnicas avanzadas de imágenes, e internet quizá no hayan creado todavía una “tormenta perfecta” de innovación médica que rivalice con la engendrada por la llegada de los antibióticos y la inmunización. Pero todo está por llegar.

Las tecnologías más nuevas presentan cuestiones sin precedentes respecto a la moral, la ética o la legalidad. Como guardianes de estas habilidades, los facultativos deben sopesar los costes y beneficios de las nuevas tecnologías y utilizarlos siempre en beneficio del paciente.

Presagios del cine

Muchos de los avances aplicados a la práctica médica fueron presagiados por películas y novelas de ciencia ficción. Las técnicas reproductivas descritas en Un mundo feliz, de Aldous Huxley, o los implantes cerebrales cibernéticos para el tratamiento de una apoplejía en El Hombre Terminal, de Michael Chrichton y los escáneres de cuerpo entero en las serie de televisión de Star Trek son anteriores a las aplicaciones reales.

La clonación también había sido tratada en el cine y la literatura antes de la llegada de la oveja Dolly, y curiosamente la técnica inicial usada para la división celular en el clon y la utilización de energía eléctrica, es el proceso por el que el doctor Frankenstein dio vida a su criatura en la novela de Mary Shelley.

Todo tiene sus ventajas, y ciertas películas nos han puesto sobreaviso sobre los posibles peligros de abusar de las técnicas, como Gattaca, donde la sociedad condiciona las oportunidades individuales según el perfil genético de cada persona. Una dicotomía similar se encuentra en la neuropsiquiatría, donde quizá los avances en las imágenes de la función cerebral ayuden a comprender los caminos neuronales de las emociones y el pensamiento, y a desarrollar fármacos indicados en problemas cognitivos y emocionales. En 1984, de George Orwell, y en Nosotros, de Yevgeny Zamyatin, se describen los peligros de utilizar herramientas neuropsicológicas para dictar el camino de los hombres.

Y aún con mayor importancia, la ciencia ficción siempre ha avisado de la posible erosión en la relación médico-paciente; ya en La verdad sobre el caso del señor Valdemar, de Edgar Allan Poe, el facultativo sólo se preocupa de sus herramientas mesméricas sin atender a la patología de su paciente y amigo. En La Guerra de las Galaxias, los médicos y enfermeros son sustituidos por robots cuya compasión y trato son mejores que los humanos. Hay excepciones, por supuesto, pero el hecho es que la ciencia ficción pone de relieve las nuevas perspectivas y enfrenta al hombre a los peligros de sus excesos.

Otra de las expresiones creativas que ejercen un mayor efecto sobre el hombre es el teatro, que ayuda a diseminar información y mensajes saludables a lo largo de todo el mundo.


Un tipo de representación especial es la que protagonizan los payasos. Desde que en 1987 comenzaran a alegrar la estancia de los enfermos en los hospitales de Nueva York, el número de asociaciones que utilizan a los payasos para mejorar la calidad de vida de los pacientes no ha dejado de aumentar. Este hecho demuestra de sobra la efectividad de la medicina más universal: la risa.

Texto: Diario médico, 16 de Enero de 2007.


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